Adiós al Loco Salinas
El exfutbolista Carlos Horacio Salinas, conocido como el Loco, falleció el 1 de septiembre de 2026 a los 70 años. Nacido en San Miguel de Tucumán, el delantero dejó una huella imborrable en el fútbol argentino por su paso por varios clubes y por dos hitos que lo convirtieron en protagonista de la historia: el tercer gol del Boca campeón del mundo en 1978 y el penal que condenó a San Lorenzo al descenso en 1981.
El gol que coronó a Boca campeón del mundo
Salinas alcanzó su máximo nivel vistiendo la camiseta de Boca Juniors. Fue pieza clave en el equipo que ganó la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental en 1978. En la final ante Borussia Mönchengladbach, disputada en Alemania, convirtió el tercer tanto del 3-0 que le dio al Xeneize el título mundial. "Hábil e inteligente, pícaro y peleador", lo definió la prensa en su momento, aunque su temperamento también le jugó en contra; en 1978 fue suspendido 25 fechas por agredir al árbitro Abel Gnecco.
El penal que envió a San Lorenzo a la B
En 1981, tras la llegada de Diego Maradona a Boca, Salinas fue transferido a Argentinos Juniors como parte del pase. El 15 de agosto de ese año, mientras Maradona daba la vuelta olímpica con Boca, Salinas ejecutó un penal que igualó el partido ante San Lorenzo y sentenció al Ciclón en el penúltimo puesto, consumando su descenso a la segunda división. "Yo no tenía que patearlo, pero agarré la pelota porque mis compañeros estaban todos atrás del arco agarrándose las medias, nadie quería patear", recordó en una entrevista. "Antes de patear, el arquero ya se estaba tirando a un palo, así que la toqué para el otro, sin mayores problemas".
Una carrera itinerante y episodios polémicos
Salinas debutó en Primera en 1974 con River Plate, aunque jugó apenas 12 partidos en dos años. Luego brilló en Chacarita (19 goles en 96 encuentros), paso que lo llevó a Boca. Tras su etapa en Argentinos, continuó en Independiente, el fútbol colombiano (Independiente Medellín y Deportivo Pereira), Estados Unidos (Indoor soccer), Alumni de Villa María, Racing de Córdoba y finalmente se retiró en Deportivo Junín de Perú en 1987. En ese año, pasó tres meses en la cárcel de Devoto acusado de comercialización de estupefacientes, aunque no se le comprobó participación. En 1988, se informó que intentó arrojarse desde el 11º piso, pero sus familiares lo impidieron. Él siempre negó esos hechos: "Decían que me quise tirar desde mi balcón, cualquier cosa, si debajo hay un balcón terraza".
Los últimos años
Padre de dos hijas y abuelo de tres nietas, Salinas se alejó del fútbol y subsistió gracias a la ayuda de la Mutual de exjugadores de Boca. Dejó un departamento a cada una de sus hijas y vivió sus últimos años en el barrio de Caballito. Así se definía: "Soy una persona que nació para jugar al fútbol, de familia muy humilde, una buena persona, una persona de bien". Su muerte cierra la historia de uno de los futbolistas más singulares de los años 70 y 80, talentoso y polémico, cuyo nombre quedó ligado para siempre a dos momentos imborrables del fútbol argentino.