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El Mundial 2026 evidencia el rezago tecnológico del VAR en el fútbol argentino

El Mundial 2026 evidencia el rezago tecnológico del VAR en el fútbol argentino

Una Copa del Mundo con intervenciones mínimas

El Mundial 2026, organizado por Estados Unidos, México y Canadá, ha dejado una escena notable: la tecnología puede funcionar sin alterar el juego, corregir errores de forma rápida y no convertirse en protagonista. Al cabo de la primera fecha de la fase de grupos, apenas cuatro veces un árbitro tuvo que ir al monitor para revisar una jugada. Esta cifra contrasta fuertemente con la realidad de otras ligas, especialmente la argentina, donde un fin de semana cualquiera acumula más revisiones, interrupciones y discusiones.

Casos puntuales que marcaron la diferencia

En Estados Unidos-Paraguay, el árbitro Danny Makkelie corrigió una confusión de identidad: había amonestado a Tim Ream, pero tras revisar las imágenes, anuló la tarjeta y sancionó al paraguayo Miguel Almirón por simulación. En Francia-Senegal, Alireza Faghani revisó un posible penal sobre Kylian Mbappé y sostuvo el fallo original. En Inglaterra-Croacia, el VAR detectó una invasión reglamentaria del arquero y de un defensor en un penal atajado a Harry Kane, lo que obligó a repetir el remate. En México-Sudáfrica, el sistema confirmó tres tarjetas rojas. En Argentina-Argelia, se revisó una entrada de Lionel Messi sobre Aïssa Mandi, aunque no se recomendó expulsión.

La tecnología del VAR en el Mundial es otra

El sistema que emplea la FIFA en el Mundial 2026 es muy superior al de la mayoría de las ligas domésticas. La principal novedad es la evolución del sistema SAOT, el fuera de juego semiautomático. Este mecanismo combina doce cámaras de alta velocidad por estadio que siguen veintinueve puntos corporales de cada jugador en tiempo real, además de una pelota Adidas con sensores internos que transmiten quinientos datos por segundo para detectar el instante exacto de cada toque. La información es procesada por inteligencia artificial y validada por los árbitros de video antes de llegar al juez principal. Como resultado, una revisión de offside que con el VAR tradicional tardaba unos setenta segundos ahora se resuelve en un promedio de veinticinco segundos.

El costo de la modernización y la realidad argentina

Implementar el fuera de juego semiautomático tiene un costo operativo de cerca de veinte mil dólares por partido, frente a los aproximadamente cuatro mil dólares de un sistema VAR convencional. Dado que el torneo local argentino tiene quince partidos por fecha, replicar el modelo de la FIFA requeriría una inversión cercana a los 300 mil dólares por jornada. Mientras tanto, el fútbol argentino sigue operando sin fuera de juego semiautomático, sin sensores en la pelota y con un sistema de cámaras limitado a ocho puntos de vista en la mayoría de las canchas. Los operadores trazan líneas manualmente sobre imágenes congeladas para determinar posiciones adelantadas, lo que genera revisiones que pueden superar los cinco minutos y partidos que pierden más de quince minutos netos por interrupciones.

Un contraste que no es solo de presupuesto

La diferencia tecnológica no garantiza que una decisión sea correcta o incorrecta, pero modifica la cantidad de información disponible y la percepción del público. En el Mundial, el uso del VAR casi no forma parte de la conversación, mientras que en Argentina, a menudo la discusión comienza cuando interviene el VAR. La comparación es incómoda porque no enfrenta solo a los árbitros, sino a sistemas enteros: de un lado, sensores, inteligencia artificial y decisiones rápidas; del otro, trazados manuales, infraestructura limitada y revisiones que se extienden por minutos.

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