La selección de fútbol de Austria logró su regreso a una Copa del Mundo después de 28 años, un hito que tiene como telón de fondo la influencia de la estructura deportiva de la empresa Red Bull. Nueve de los 26 jugadores convocados para el Mundial 2026 fueron formados o potenciados dentro de la red de clubes de la multinacional, y el entrenador del equipo, Ralf Rangnick, fue uno de los arquitectos de esa filosofía de juego.
El origen del proyecto futbolístico
En 2005, la compañía austríaca de bebidas energéticas decidió incursionar en el fútbol mediante la compra del Austria Salzburgo, al que rebautizó como Red Bull Salzburgo. A partir de allí, modificó su identidad visual y convirtió al club en el punto de partida de una red global que más tarde se expandió hacia Alemania, Estados Unidos, Japón y Brasil. El objetivo principal de Red Bull no era fortalecer a la selección nacional, sino construir clubes competitivos y desarrollar activos deportivos para expandir su marca.
La filosofía de juego que marcó a una generación
Bajo la dirección de Ralf Rangnick, quien ocupó cargos de máxima responsabilidad en la compañía entre 2012 y 2020, se diseñó una identidad de juego común para todos los equipos del conglomerado. La premisa era un fútbol agresivo, vertical y de alta intensidad, basado en la presión constante y la recuperación inmediata tras la pérdida del balón. Este estilo, conocido como gegenpressing, consiste en recuperar la pelota ocho segundos después de perderla para atacar en los 10 segundos siguientes, antes de que el rival pueda reorganizarse.
La conexión con la selección nacional
Cuando en 2022 la Federación Austríaca buscó un entrenador capaz de potenciar a una camada de jugadores cada vez más influenciada por el ecosistema Red Bull, la elección recayó en Rangnick. El entrenador germano de 67 años llegó luego de un paso por el Manchester United y en poco tiempo logró resultados: alcanzó los octavos de final de la Eurocopa 2024 y posteriormente consiguió la clasificación al Mundial. La velocidad del efecto se debió en parte a que sus jugadores ya estaban familiarizados con el idioma futbolístico de la presión alta.
Los frutos de la inversión
En la lista mundialista de Austria figuran nueve futbolistas que pasaron por algún eslabón de la estructura Red Bull. Entre ellos se encuentran los arqueros Patrick Pentz y Alexander Schlager, los defensores David Affengruber y Alexander Prass, y los mediocampistas Konrad Laimer, Nicolas Seiwald, Xaver Schlager, Marcel Sabitzer y Romano Schmid. El mediocampo es el sector donde más se evidencia el ADN del gegenpressing, especialmente con Laimer y Sabitzer, quienes fueron dirigidos por Rangnick en el RB Leipzig. Laimer, apodado la máquina de recuperar pelotas, fue detectado por el entrenador a los 10 años y reclutado para las inferiores de Red Bull.
El regreso de Austria a la Copa del Mundo representa una consecuencia inesperada para la compañía, que sin haberlo planificado, vio cómo buena parte de los frutos de su inversión florecieron en la selección nacional, construyendo un equipo con una identidad colectiva sólida.